Las libertades informativas constituyen uno de los principales valores de las sociedades democráticas. El ciudadano es políticamente libre si tiene a su alcance el conocimiento suficiente de lo que ocurre a su alrededor, sólo así, con elementos que le permitan un juicio racional, puede tomar decisiones propias, siendo consciente de las causas y consecuencias de sus actos.
En la exposición que se hace a continuación se defiende la idea de que la veracidad en la información actúa como un límite interno, como un elemento inmanente a la misma y sin el cual no es que la información quede desprotegida, es que deja de ser información. Junto a este límite interno hay otros externos que la propia Constitución (española) [CE] establece expresamente, como son el respeto al honor, intimidad, propia imagen así como los demás derechos y deberes fundamentales.
También se hace una exposición de la interpretación constitucional del concepto de veracidad en la información, como una tendencia del informador hacia la recta averiguación y contrastación suficiente de los hechos y se aboga por la exigencia de un plus de diligencia al periodista.
Se defiende que para conseguir que el sujeto pueda acercarse a la verdad objetiva no basta con que la información que se le proporciona sea veraz, puesto que la verdad absoluta no puede alcanzarse, sino que, además, es necesario garantizar el pluralismo de fuentes informativas. La pluralidad de medios de comunicación contribuye a que el propio ciudadano contraste las diferentes versiones que le proporcionan sobre lo que ocurre.
